LA OBESIDAD Y CÁNCER: UNA RELACIÓN COMPROBADA.

La obesidad una condición que afecta a 640 millones de personas en el mundo y causa un aproximado de 4.5 millones de muertes anuales (según cifras de la Organización Mundial de la Salud 2013 y 2014) y tiene una estrecha relación con un conjunto de enfermedades crónicas no transmisibles entre las cuales destacan diabetes, hipertensión arterial, enfermedad cardiaca coronaria, entre otras, algunas de las cuales ocupan los primeros lugares en las causas de mortalidad a nivel mundial.

La relación entre el cáncer y la obesidad ha sido descrita y comprobada desde hace varios años en la literatura médica mundial. Entre los mecanismos posibles de esta relación se han planteado la inflamación crónica y la disregulación del metabolismo de las hormonas sexuales entre otros.

En sus primeros reportes, la agencia internacional de investigación del cáncer (IARC por sus siglas en inglés), perteneciente a la organización mundial de la salud (OMS), estableció la asociación entre el aumento de la grasa corporal y cinco tipo canceres diferentes: colorectal, esofágico tipo adenocarcinoma, carcinoma de células renales, mama en mujeres postmenopáusicas y carcinoma uterino endometrial.

Recientemente, la revista new england journal of medicine, en su publicación del 25 de agosto del 2016, presento una actualización de la relación entre obesidad y cáncer realizada por la IARC, producto de la revisión de la literatura científica publicada, donde se ha añadido ocho tipos de canceres más a la lista: estomago, hígado, vesícula biliar, páncreas, ovarios, tiroides, meningioma y mieloma múltiple. Además existen evidencias que sugieren una asociación de otros 3 canceres: cáncer fatal de próstata, cáncer de mama en hombres y linfoma difuso de células B grandes.

Esta asociación obviamente incrementa el número de muertes atribuidas a la obesidad a nivel mundial, lo cual enfatiza la importancia de crear mecanismos y métodos efectivos tanto a nivel individual como colectivo para implementar las recomendaciones de la OMS de mejorar los patrones o hábitos de alimentación y la actividad física, y mantenerlo a través de toda la vida, si existe el riesgo de padecer estos canceres.

Mención especial merecen las poblaciones infantiles y adolescentes, de la cual se conoce que aproximadamente 110 millones de niños y adolescentes padecen obesidad a nivel mundial y son particularmente vulnerables, dado el sedentarismo y el consumo de alimentos de alto contenido calórico, ricos en azucares refinados muy común en los hábitos de la vida moderna, lo que se traduce en un caldo de cultivo que puede multiplicar a futuro el número de pacientes con cáncer.

Esta publicación merece una reflexión de varios sectores de nuestra sociedad que conduzca a realizar esfuerzos conjuntos, no solo de salud pública, sino de políticas de agricultura, procesamientos, distribución y mercadeo de alimentos , así como también de planeación urbana y educación para fomentar en nuestra población estilos de vida mucho más saludables.

La lucha contra el cáncer puede comenzar en tu propio núcleo familiar.

El cambio de estilo de vida merece la pena ¿no lo crees así?

Dra. Rosa María Gil Cano

Medico Endocrinologa/Coach en salud y bienestar Terapeuta MeTTAS

MeTTAS

MeTTAS Machala

30-03-2019

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